El cuarto suyu nos sigue mostrando como esta constante «matemática» es posible de «Cuadrarla», traerla y bajarla a la «tierra», tal como lo hicieron los antiguos, lo que quiere decir que dicho desequilibrio o código alterado de la «alfaberratización«, proveniente de la «Peste Negra«, tiene cura.
Pero para poder curar a ese niño o a esta humanidad, primero esta tiene que tomar consciencia de sí misma, sobre su opuesto complementario, sobre la Mujer, sobre su sombra, sobre su pasado y sobre las memorias que habitan dentro de su interior.
Para esto, el niño tiene que dejar la niñez, crecer y madurar, para poco a poco, ir tomando consciencia de sí mismo, dejando de ser un «Ero«, un «Héroe» o un «Ero-sionador» y de seguir dando vueltas en la fuerza centrífuga o de succión del «Tsukuyomi Infinito» y del «Agujero Negro«, para aprender progresivamente a detenerse y a desacelerar, para ir comenzando a aprender a «Observar» y «Sentir» el movimiento de los ochos o de las «octawas», cuyo movimiento les permitirá en el tiempo, aprender a ver las raíces de sus propias enfermedades, de sus propios desequilibrios, de sus propios condicionamientos, de su propia forma de «vida», lo que les dará sosiego y calma, encontrando de esta manera su equilibrio y su lugar en este mundo.



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